viernes, 9 de mayo de 2014

Y AHI ESTABAS...

Y ahí estabas tú, con tú sonrisa que podía cambiar el mundo. Ahí estabas con tú mano agarrada de la mía cómo si tuvieses miedo de que me soltase cuando era yo quién lo tenía. Sí, tenía miedo a que descubrieras, o más bien olvidarás, todo aquello que te hacía quedarte a mi lado. Tenía miedo a que mi vida se rompiese en mil pedazos y tú no estuvieses ahí para rescatar cada uno de ellos y volver a unirlos. Tenía miedo hasta que llegó ese día. El día en el que rompiste cada una de tus promesas. El día en el que todo quedó en recuerdos . El día en el que te necesitaba para salir a flote y alejarme de aquel agujero negro donde cada día después de mirarme al espejo me metía. Tú eras mi chaleco salvavidas, mi lancha a motor pero también fuiste el único que de verdad logró hundirme sin tocarme. Sin dañarme. Sin insultarte. Solo te bastó coger un bus y no volver. Nada más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario